JUAN

Necesito olerte,
respirarte mientras duermes.

Acariciarte el pelo hasta que me someta el sueño,
recorrerte la sintaxis con mis dedos hambrientos de júbilo.
Quiero encerrarme en tu cuerpo y que nadie me encuentre.

Y si alguien te pregunta… tú no sabes donde estoy.

Quiero esa felicidad que me brindas de costado,
y de la cual, soy una muerta de hambre.

Desearía librarme de esta angustia,
de las ganas precisas,
de la maldita adicción que me provoca.

Quiero dejar de fingirle al mundo que no te quiero.

Y esa es la cuestión…

              ¿Cómo le digo yo al mundo que no te quiero?

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